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De la Capilla Sixtina y otros lugares “overcrowded”

“El problema no es sólo de la Capilla Sixtina sino de una mentalidad consumista que nos lleva a todos a viajar a todos los sitios para verlo todo. Aunque ni entendamos ni nos interese. Hay quien ha salido de los Museos Vaticanos asegurando haber visto La Gioconda”.

Bravo. Fantástico. Un aplauso, por favor. No lo digo yo, lo dice el académico Roberto Papa, pero es una lectura perfecta de mi mente. Con estas palabras acaba la noticia que hace unos días publicaba El País sobre el deterioro de la [magnífica] Capilla Sixtina. El exceso de afluencia sumado a la deficiente ventilación de la capilla están condenando sus pinturas. Al leer esta noticia he recordado el viaje que hice a Roma hace ya algunos años. La Capilla Sixtina, como no podía ser de otra manera, estaba dentro de nuestros planes. Pero la visita fue de todo menos agradable. Rodeados por un mar de cabezas, codos, pies, bolsos y pisotones, intentamos encontrar un hueco donde poder parar y admirar las pinturas. Pero la continua entrada de gente, que para nada llevaba el mismo ritmo que la salida, nos impidió estar quietos más de dos minutos en el mismo sitio. Sentarse en los bancos era ya misión imposible, los afortunados que consiguieron aposentarse no creo que se movieran de allí en toda la mañana. El mejor momento llegó cuando un vigilante me pidió amablemente que sacara las manos de los bolsillos (temas de seguridad imagino, no me dio ninguna razón concreta). Otros cuantos iban gritando continuamente NO PHOTOS! aderezados con unos cuantos SHHHHH! cada vez que el volumen de la concurrencia se desmandaba. Sin poder hacer fotos, sin poder llevar las manos en los bolsillos, sin poder sentarme y sin poder estar más de dos minutos en el mismo sitio, decidí irme. La Capilla Sixtina es maravillosa, de eso no cabe la menor duda, pero yo no conseguí encontrar la maravilla. Aunque la palma de mis “overcrowded” se la llevan los Guerreros de Shian. Estoy convencida de que coincidimos con algún tipo de día festivo/conmemorativo porque la cantidad de gente concentrada allí era excesiva hasta para los entandares chinos. El museo estaba a reventar, y la más que desafortunada iluminación hacía que la circulación por algunas salas fuera realmente complicada. Allí si que pude hacer fotos así que os pongo una, y aunque no os lo creáis, en medio de toda la gente hay (o había) una vitrina. P1020071 Seguramente muchos de vosotros habéis experimentado alguna situación parecida. El problema de la masificación no sólo hace que la visita se convierta en un infierno, sino que además pone en serio peligro nuestro preciado patrimonio. De vez en cuando salta a la prensa algún monumento/museo castigado por la excesiva afluencia de gente, pero es un problema que de momento parece tener difícil solución. Porque todos tenemos derecho a disfrutar del patrimonio, y todos queremos hacerlo. O no. Porque como bien dicen esas primeras líneas, estamos inmersos en una mentalidad consumista que nos lleva a viajar a todos sitios para verlo todo. Tal vez deberíamos sentarnos y reflexionar antes de emprender un viaje y tener muy claro que es lo que queremos ver, por qué lo queremos ver y si realmente nos interesa o no. No es necesario verlo todo para disfrutar de un lugar, cada uno tiene sus intereses y sus gustos. Algunos disfrutan contemplando La Gioconda, otros el triciclo de Karl Benz y otros un esqueleto de dinosaurio. No es necesario ir a los sitios “porque hay que ir”, porque alguien dice que es imprescindible. Yo he estado en París y no he entrado en el Louvre. Y más de uno me ha preguntado que entonces para qué he ido a París…

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4 comentarios sobre “De la Capilla Sixtina y otros lugares “overcrowded”

  1. ¿No crees que, más que los turistad, los principales responsables de la masificación en museos y monumentos son las propias organizaciones que los gestionan y las directrices políticas que inspiran su gestión?

    1. Hola Manel, siento el retraso en contestar a tu comentario pero he estado fuera unas semanas. Lo que comentas es del todo cierto, pero yo creo que al final es un bucle sin fin donde todo se retroalimenta. Desgraciadamente el éxito de muchos sitios culturales se mide sólo en el número de visitas, y aquí empieza el problema. Si sumas que la propia gestión busca incrementar las visitas y que nadie quiere perderse los highlights… la pregunta es, ¿existe realmente una solución al problema?

      1. Seguro que existe solución pero pasa por el control de la oferta. Si la oferta está descontrolada es lógico que la demanda la desborde. La solución pasa por establecer sistemas de visita que impidan el consumo masificado, así de simple, por eso las palabras de Roberto Papa, desde mi punto de vista, expresan el menosprecio de un académico hacia la plebe ignorante y ese menosprecio implica olvidar o no tener en cuenta que las organizaciones patrimoniales tienen la misión de educar y sensibilizar a la gente hacia la conservación y la estima del patrimonio.
        Por eso te decía que la gestión de un museo es la responsable del mal uso de ése museo, por acción o por omisión ¿Va demasiada gente a la Capilla Sixtina? Pues se limitan las visitas diarias a un número razonable y problema resuelto ¿O es que esperan a tener que cerrarla como la cueva de Lascaux o Altamira?

      2. Controlar la oferta es algo absolutamente necesario si, como bien señalas, no queremos llegar al extremo de Altamira. La solución es sencilla, aunque su aplicación ya no tanto, especialmente en aquellos sitios que no dependen de sí mismos. Por desgracia, el método para evaluar el éxito de muchos museos se basa, casi en exclusiva, en el número de visitantes. Cuantos más, mejor. Y si se controla el número de visitantes, la cifra bajará seguro (me viene a la mente ahora la comparativa que se hizo el año pasado con los grandes museos españoles y cómo el Reina Sofía, con la exposición de Dalí, había incrementado notablemente la afluencia). Ya no es sólo el museo/lugar patrimonial el que tiene que decidir qué modelo de visita quiere, es toda la sociedad la que tiene que concienciarse de la necesidad de cuidar el patrimonio. Y eso sólo se consigue con educación, en eso estamos completamente de acuerdo. Es un reto interesante (y necesario) que todos los grandes museos tendrían ya que empezar a plantearse.

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