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Reencuentro con la Colonia Vidal

Hace ya bastantes años visité con el instituto una colonia textil el mismo día que, si mal no recuerdo, visité también unas minas. Aquella visita quedó un poco arrinconada en el olvido a pesar de que más o menos recordaba los espacios que visitamos y las diferentes anécdotas que nos contaron. Incapaz de recordar el nombre de la colonia, un día cualquiera y por casualidad, pasé por delante de la Colonia Vidal. De forma instantánea mi mente empezó a hacer asociaciones y yo misma me sorprendí de reconocer los edificios y de saber dónde estaban exactamente la tienda, la iglesia, la fábrica, las viviendas… Sin buscarla, la había encontrado. Así que este domingo decidí volver y reencontrarme con ella.

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La Colonia Vidal

Entre finales del siglo XIX y principios del XX fueron mucha las colonias textiles que se instalaron en la cuenca del río Llobregat, utilizando sus aguas como fuente de energía.  La Colonia Vidal fue una de ellas (de hecho, fue la última en construirse y de las primeras en cerrar) y hoy, tres décadas después de su cierre, puede decir con orgullo que ha conservado la totalidad de sus espacios. Prácticamente todas las colonias de estas características han sucumbido a la evolución del mercado y de la producción, que exigen modelos muy diferentes a los que representan estas antiguas fábricas. La Colonia Vidal cerró sus puertas en la década de 1980 y tras un período de inactividad, volvió a abrir en la década siguiente convertida en museo con la voluntad de estudiar, conservar y difundir el pasado de las colonias industriales de Cataluña.

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Imagen: http://www.museucoloniavidal.org/

Actualmente, esta colonia forma parte del Sistema Territorial del Museu Nacional de la Ciència i de la Tècnica de Catalunya, un sistema formado por una veintena de museos repartidos por todo el territorio cuyo objetivo es explicar la industrialización catalana.

La visita

La visita a la Colonia Vidal nos transporta más allá del trabajo en una fábrica, nos adentra en cómo era la vida y el día a día en una colonia: cómo vivían las familias, qué hacían en sus ratos libres, cómo era su rutina, cómo se relacionaban entre ellos… Mi visita tuvo, además, un componente inesperado. El guía, Miquel, era un antiguo trabajador de la colonia (y de alguna más de la zona). Este hecho marcó sin duda el carácter de la visita haciéndola mucho más personal ya que alguien que había trabajado con esa máquina y la había reparado me estaba explicando su funcionamiento, alguien que nació en una colonia me estaba contando anécdotas de su infancia y me estaba conectando los espacios con la realidad.

Los edificios están divididos en tres grandes espacios: los industriales junto al río, la zona residencial con la casa de los propietarios y la colonia propiamente dicha, con todos los espacios relacionados con los obreros. La visita empieza por estos últimos, concretamente en el cine, donde un audiovisual nos introduce en la historia y el contexto de la colonia. A partir de ahí, en un recorrido de más de dos horas, se visitan todos los espacios que ayudan a entender cómo era vivir y trabajar en una colonia.

La vivienda

El hecho de construir las fábricas junto a los ríos implicaba que, en muchas ocasiones, los núcleos de población se hallaran bastante lejos. Este problema se solucionó creando nuevos núcleos “in situ”, es decir, instalando a los trabajadores junto a las fábricas. Es así como nace un tipo de colonia que se caracteriza por tener unos elementos comunes: fábrica, viviendas, casa del propietario, iglesia… En la Colonia Vidal, los pisos eran sencillos aunque grandes si se comparan con otras colonias y su alquiler mensual rondaba las 5 ptas. de la época. Disponían de cocina, comedor y varias habitaciones; las duchas eran comunitarias y se habrían una vez por semana para los hombres, aunque en el piso que visitamos se instaló con el tiempo un pequeño cuarto de baño. Actualmente son muy pocos los que todavía viven de forma permanente en la colonia, y algunas de las viviendas se mantienen como segunda residencia.

El lavadero

Situado en un nivel inferior al de las casas y próximo al río, se accede bajando por unas escaleras. Antaño, los lavaderos eran lugares de socialización y conversación y aún hoy en día encontramos reminiscencias de este hecho en nuestro lenguaje. En catalán, la expresión “fer safareig” (safareig significa lavadero) indica que se está rumoreando o explicando cosas de terceras personas. Como dato curioso, este lavadero era el lavadero de los “vivos”, ya que si bien era un espacio de socialización, también era un espacio ideal para el contagio de enfermedades. Por eso, cuando en una familia había alguien enfermo o recientemente fallecido, tenía que ir a otro lavadero, más pequeño, construido en otra zona de la colonia.

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Pescadería

Con el tiempo, el aumento de la población en las colonias hizo necesaria la instalación de tiendas para satisfacer las necesidades de sus habitantes. Primero se abrió una pequeña tienda donde poder comprar los productos básicos y cuando se quedó pequeña, se abrió una más grande y ésta se convirtió en pescadería. Miquel nos contaba cómo de niño, trabajando de ayudante en la tienda de la colonia, vio al tendero echándole agua al vino para sacar más beneficio… ¡y la bronca que le cayó por haberlo descubierto!

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Caja de Ahorros

La Caja de Ahorros era el lugar donde los obreros cobraban su salario, si bien su apertura se produjo bastante después de la inauguración de la fábrica; antes de que hubiera una Caja, un encargado pagaba a los obreros en la propia fábrica. Fue una de las primeras sucursales de la Caja de Ahorros de Manresa.

Escuela

La escuela original era mucho más grande que esta, ya que el número de niños en la colonia era bastante considerable. Aquí sólo acudían los niños, ya que las niñas estudiaban en el Casal de la Dona con las monjas. Los pupitres con sus tinteros, los pósters de anatomía, la pizarra cuadriculada, los mapas… ¡todo es una delicia!

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Biblioteca

La biblioteca no siempre estaba presente en las colonias; en este caso, la preocupación del propietario por la cultura le llevó a fundar en 1947 la Fundación Vidal con la finalidad de convertirse en un elemento de dinamización social, cultural y pedagógica de la colonia y de los municipios vecinos. Así pues, la biblioteca se configuraba como un espacio de uso para los obreros.

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Fábrica

Una imponente chimenea preside la entrada al recinto, construido en un nivel inferior al de la zona de vivienda. Junto al río se encuentra la gran turbina que permitía generar la energía necesaria para poner en funcionamiento todas las máquinas. Cuando el caudal del río era escaso se recurría a una gran máquina de vapor, situada en un recinto aparte. Para poder aprovechar el agua del río fue necesario construir una represa (con 17 metros de altura es la más alta de la zona) y un canal de derivación para conducir el agua hacia la fábrica.

De la zona de producción sólo es visitable una pequeña parte, donde a través de diferentes máquinas se explica cuál era el proceso de fabricación desde la preparación de la materia prima hasta el tejido final. Al principio, todas las máquinas eran movidas mediante sistemas de embarrado pero con el tiempo fueron modernizadas y se les incorporó un pequeño motor individual. Gracias a un pequeño embarrado, Miquel nos hizo una demostración de cómo funcionaba una de las máquinas tejedoras.

Y acabaré la entrada con una imagen de Miquel enseñándonos cómo funcionaba la tejedora:

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Si tenéis ocasión de ir, no perdáis la oportunidad 😉

 

Más información: http://www.museucoloniavidal.org/

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2 comentarios sobre “Reencuentro con la Colonia Vidal

  1. Me ha hecho mucha gracia el título del blog porque yo ya no espero a que me pregunten, siempre digo “Basanta con B”.

    “Mis” Basanta somos de Villalba (Lugo), mi abuelo: Andrés Basanta Silva.

    Y además me parecen muy interesantes estos pequeños artículos sobre el patrimonio “cotidiano”.

    1. ¡Hola José Luis! Muchas gracias por tus palabras, me alegro de que mis pequeñas pedacitos te parezcan interesantes, ¡así dan ganas de seguir adelante!

      Me consuela saber que hay más Basanta por el mundo con este “problemilla”. “Mis” Basanta son de un pueblecito no muy lejos de Villalba, de Villardemoros (Meira) 😉

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